Stressman #7a: Nutri-Dealer


Aranulfo T. LaMal, un semi-autómata del sector 3-B de una megacompañía de comunicación, se encontraba en un sector diferente de el acostubrado. Se encontraba en el sector de arte de aquel medio, y le impresionó mucho, ya que la gente tenía un aspecto extraño, que algunos cerca de su cubículo decían que algunos llamaban a aquel extraño fenómeno en sus rostros “sonrisa” aunque aún faltaba confirmar esto. era un ambiente claro, con máquinas coloridas y con personas con ropa “cómoda” sin las marcas de los grilletes de la galera que tenían los compañeros de él. Había cosas de color llamadas “fotos” que nada tenía que ver con las cosas monocolor que Aranulfo veía en su máquina de trabajo, a excepción del diminuto foco amarillo del disco duro que no para de prenderse por el espacio reducido y algo que sus compañeros mientras remaban llamaban nirvana. Otros le llamaban internet.

La cuestión es que faltaban pocos momentos para que culmine su trabajo, por lo que nuevamente regresó a su cubículo. Después de un trayecto de como unos 15 minutos en línea recta llegó hasta su gris cubículo con una hermosa vista a un letrero que sugería que “trabaje” con una calidez poco mayor que la de un esquimal con hipotermia.

En fin, se encontraba en su lugar de trabajo y se preguntaba si podría mejorar este ambiente. Por lo que al día siguiente le hizo algunas modificaciones. Le agregó una foto de su amante en un portarretrato (su computadora Atari que él mismo la había tomado) así como le agregó una pequeña radio de FM para alivianar el proceso de opresión cerebral con el silencio del que disfrutaba todos los días.

El caso es que Aranulfo estaba relativamente feliz en su oficina, un poco tranquilo hasta que recibió un memorándum en el que se impedía la exposición de fotografías no autorizadas por la empresa. Por lo que retiró la foto de su querida computadora y la puso en su billetera para verla clandestinamente de vez en cuando. Luego la radio no se podía prender porque el memo que prohibía la música era tan estricto que las pilas se rehusaban a funcionar. Qué más da!

Pero todo se puso de cabeza en el momento en el que Aranulfo no alcanzó a bajar al calabozo para almorzar el puré desconocido del día, por lo que empezó a tener hambre. Tanto que calculaba que se sostenía porque su estómago estaba depredando a los otros órganos aledaños, los cuales clamaban por comida o ser devorados. Así era la situación en el interior de nuestro personaje, Aranulfo.

Horror! Qué iba a hacer? No podría entonces comer bocado alguno hasta su salida a las 3h00! Cómo iba a sobrevivir a aquel tormentoso infierno gastronómico???

Y llegaron las 22h00… y Aranulfo no sabía qué hacer y estaba convertido casi en un ser catatónico a causa de la falta de alimento.

Eran momentos de angustia, hasta que sacó un pequeño manicho de su bolsillo y se dispuso a comerlo. Todo iba bien y la salivación de su boca era inmediata, hasta que sonó la alarma de prohibición de comida. El lugar se iluminó con un color rojo, y Aranulfo no supo qué hacer, por lo que arrojó el manicho por la ventana, junto con algunos papeles. La alarma cesó, por suerte. Pero se quedo sin el manicho, con hambre y con un pequeño lago de baba. Y por otro lado pensaba en que en lugar de lanzarlo se lo hubiera comido y ya. Y ahora?

Ni modo, tenía que ir por el ducto de ventilación como un par de veces anteriores. Sin que nadie se diera cuenta el destornillo la rejilla e ingresó en el ducto. En las paredes del ducto de ventilación, y al parecer recordaba la dirección con claridad, ya veía los “grabados” de sánduches y de hamburguesas, que indicaban que el templo estaba cerca.

Una vez que llegó, desactivó un par de trampas tradicionales para despistar e inutilizr a los infieles que osaban atreverse a llegar. Gracias a sus contactos, Aranulfo sabía todo el procedimiento, aunque solo era en teoría, ya que nunca se había encontrado en una situación así.

Llegó a un lugar pequeño en el que había un pequeño ser con una capucha, de lo cual solamente se podía observar su mentón. Era el Dealer de comida pirata, el padrino del mercado negro de comida insalubre y rica en calorías vacías, el Don del refrigerio clandestino, del Lunch alivianante, del inflador de estómagos, el Zar de las comidas de funditas, el Lord del refrigerio sopresivo… era el Dealer de la comida chatarra… era “Manuelito”.

Aranulfo iba a decirle que quería comprar algo, pero él sorpresivamente levantó la mano. Se acercó hacia él y solamente se quedó allí. De pronto el estómago de Aranulfo empezó a gruñir ruidosamente. Manuelito solamente estaba cerca de él, diciendo “hmm…hmmm..uhu…ya…huh huh”, mientras el estómago en gruñidos le seguía diciendo sus quejas.

De pronto Aranulfo recibió un bofetazo de Manuelito. Y le reclamó por haber maltratado así a su estómago, y por lo haberle comprado aquella milanesa que quería, y en lugar de ello lo gastó en algo que no se puede comer. Luego hizo la receta, consistente de 2 manichos, un maní cris y una funda de galletas óreo para reponer las toxinas que había perdido su organismo por la falta de estas comidas insalubres.

Después de ello Aranulfo se arastró nuevamente hacia su cubículo, hasta que se detuvo a ver en la rejilla bajo él que sin querer estaba en la oficina del jefe, que miraba un episodio repetido de Baywatch. De pronto la rejilla se abrió y Aranulfo cayó en el interior de la oficina.

Qué pasará con Aranulfo? Qué sucederá con aquella comida que ahora no tendría que comer? Qué pasará con aquellos que no tienen vacaciones y esté considerando como vacaciones una linda calibre 38 en sus sienes, para pasar el tiempo? Estas y otras interrogantes en la cápsula B del episodio#7 de StressMan

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